1.7.08

COSAS POR SU NOMBRE (2008)




















CANCIÓN PARA CUALQUIER CAMINO

El camino que viene y el camino que va
es el mismo camino: sólo hay que caminar.

No importa lo que tardes: llegar no es nada más
que al final del camino volver a comenzar.

Conviene que la noche vaya quedando atrás,
con la vida adelante es más fácil marchar.
A todos los que encuentres invítalos a andar:
es más corto el camino si siempre hay uno más.

De distancia a distancia no habrá ningún lugar
donde no te detengas con alguien a charlar;
del hombre de tu tierra a otro hombre contarás
y aprenderás de ese hombre lo que en su tierra hay.

Hasta que llegue el día después de mucho andar
en que será este mundo más fácil de habitar:

cuando todos los hombres encuentren el camino
y ya no necesiten ni perder ni ganar.

El camino que viene y el camino que va
es el mismo camino: sólo hay que caminar.



DE UN LIBRO DE LECTURA ESCOLAR

Seríamos los más, los siempre invictos,
París de América portadora de luz intelectual,
y la tierra derramaría
el alimento inagotable que nutriría al universo.
Los llamados a ser rivales del poderoso Norte
–no devenido imperio todavía–,
confrontando en músculo, creatividad, poder,
de igual a igual, y tal vez algunos pasos adelante...
No invento nada:
estaba escrito en mi libro de lectura,
el Manual del Alumno con gráficos y cifras así lo atestiguaba.

Los años devoraron almanaques,
fatigaron sueños,
las esperanzas diluyeron su verde (si en verdad fuera éste su color);
si hubo París de América se pagó con el precio
de no haber sido nunca la Argentina de América,
y si una vez saciamos hambrunas europeas
hoy no logramos mitigar el hambre de los nuestros.

¿Mintieron los libros escolares?
¿Los escribieron alucinados delirantes?
¿Hablaban de realidad palpable o rebosaban de exacerbada fantasía?
A más de medio siglo de aquellas lecturas escolares,
hojeo un cuaderno que aún conservo,
donde entre promesas incumplidas
quedó enterrada una nueva y gloriosa nación.


LOS COMEDIDOS

Siempre hay alguien adentro,
cómplice de los de afuera,
que les abre las puertas a los enviados imperiales;
así entran como Pancho por su casa
para rapiñar lo que no les pertenece,
y a robarles la vida
a los que todavía no han nacido.


LECCIONES DE LA HISTORIA

A la historia la hace el hombre
y la hace bien si evita saltos y no se permite interrupciones
cuando a pie firme avanza hacia el futuro
–que es el presente preñado de mañana–.
Debe estar preparado para los escollos del camino,
ser precavido, cuidadoso,
porque donde la duda proyecte una sombra,
los exterminadores de esperanza
cavarán la madriguera para depositar sus larvas.

Ay del hombre cuando le abre un atajo
y en su ansiedad intenta acelerarla,
sólo logrará su retardo:
no son posibles los dos pasos adelante
si se ha equivocado el paso atrás.

No son ya los fascistas las moscas verdes con camisas negras,
ni la horda nazi de germánica bota
pisoteando la dignidad con wagneriana marcha,
ni los entregadores del judío pobre del gueto al gas del exterminio,
ni los oscurantistas vaticanos
bendiciendo las armas vueltas hacia el pueblo:
Pío XII y su corte de ventrudas harpías.
(Ya fueron devorados por el fuego del Tiempo.)
Pongamos atención: han cambiado de treta.
Los métodos son otros, más limpiamente sucios y rapaces,
(el buitre sobre los cadáveres
–ilustración del fascismo europeo enterrado con su siglo–
es un símbolo caduco en amarillentas litografías.)

Cambió de territorio,
de táctica,
de idioma,
de bandera:
aniquila desde el Banco Mundial disparando con la deuda externa,
desde el FMI reparte miseria al Tercer Mundo,
desde los monopolios derriba los cimientos de las industrias nacionales
con dúmping y proteccionismo made in USA.
Mientras las multis se fusionan o pelean entre sí por extrema avaricia
cierran filas en igual perfidia a los oponentes de sus mezquinos intereses,
y prosiguen consolidando su rapiña
con la aquiescencia de espurios gobernantes –sus virreyes locales–
que en las islas-paraíso acumulan riquezas por los favores recibidos.

No se acabó el fascismo: mudó de piel, tecnificado.
Continúa empollando su vergüenza en la miseria de los pueblos.



RIESGO PAÍS

Sube el riesgo país: no hay inversores.
Baja el riesgo país: aplauden los mercados.
¿De qué riesgo país están hablando
señores mercaderes de la Patria?

Sube el riesgo país: guarda el ladrón su dólar.
Baja el riesgo país: la inversión en sangre es más barata.
¿De que riesgo país están hablando,
banqueros, lobbistas, intermediarios con hedor a rata?

Nuestro riesgo país es sólo uno:
es el país en riesgo al que lo exponen
los repartidores de miseria,
los globalizadores apátridas.

Es el país en riesgo, herido y lacerante, lo que cuenta:
la infravida marginal,
sus espolones de desesperación
martirizando a tantos
que de esperar en vano se comieron la espera;
aquellos que no saben qué pasará mañana,
porque su angustia de hoy
les nació ayer de un igual sufrimiento;
el enjambre de la miseria niña
revoloteando su hambre sobre los desperdicios;
el pobre robándole a otro pobre
cuando la dignidad extravió su argumento;
el que creyó en promesas incumplidas,
en las urnas depositó sus ilusiones
y la traición decapitó sus ganas.

Es el país en riesgo lo que debe preocuparnos
y no el riesgo país,
invento de unos pocos,
ganancia de los menos,
pérdida de los más,
arcas repletas de las multinacionales,
bolsillos dados vuelta de todos,
esperanzas frustradas.

Tarde o temprano,
si sucede que la peste avanza,
nuestro lugar habrá dejado de pertenecernos;
es más: ya no estará ocupado por nosotros.



UNA DE CAL Y UNA DE ARENA

Por si éste no lo sabe, por si aquél lo olvidó,
por si hay que refrescarles la memoria
a los que ayer dejaban en los muros
escrito con fervor de juventud
un rotundo: ¡Cuba sí!,
un feroz: ¡Yanquis no!y ahora van por la banquina de la vida
con molicie, menos ímpetu
y un laisser faire que al cabo de los años los ganó.

Tres décadas batieron vientos encontrados por el mundo;
en ese ir y venir retrocedimos
enmarañados entre teorías sin praxis
y alguna praxis sin fervor;
así vimos languidecer los ideales
de lo que no pudimos o no supimos defender.

Cabe a todos la culpa y la asumo
con una diferencia: las ganas de seguir.
Y desde aquí, sin temor al ridículo pregunto
tan sólo por saber dónde están parados,
si los doy por perdidos o los sigo esperando.

¿Quién les apagó el fuego que alentaban?
(No se ha visto que lo hayan consumido.)
¿Qué hicieron de la vida en constante aleteo
siempre en nuevos intentos?

¿Y las guitarras? Digo de las guitarras
que nos hermanaban en sentimientos.
¿Quién silenció esa música, ese río?
¿En qué rincón se ahogó la voz de esas canciones,
desplumaron las alas de su pájaro,
le herrumbraron el vuelo?

Sé bien que novísimos tiempos de otros oscurantismos
armaron la estrategia para frenar el alba
(como si lo pudieran)
mientras nosotros, entre idas y venidas, marchas y contramarchas,
discutíamos hasta agotar cualquier paciencia,
sin ver que la reacción ponía al día sus cuentas.
Fuimos los ingenuos permisivos,
dejamos que alzaran sus represas,
detuvieran las fuertes correntadas de la juventud que crecía.

Son culpables también los que hicieron mutis por el foro
cuando la función aún no había terminado
y se retiraron en silencio,
también aquellos a los que la comodidad amordazó sus bocas
y enterraron ideales y futuro en un álbum del pasado
cuando la “sagrada familia” los acogió en su seno.

Solos, pocos, desperdigados,
nos cuesta reagruparnos a los menos que somos.
Mas algunos quedamos, tercos, empecinados,
flameando banderas posibles
con el fuego último que arde en nuestras raíces.
Y por creer en el hombre, proseguimos cantando.


LOS VISITANTES INDESEADOS

Quédense donde están,
señores de la infamia,
aplicados alumnos de Wall Street y sus corporaciones,
ejecutivos de las penas,
asesinos seriales del futuro,
que en toda la historia de nuestra América,
del río Bravo al sur nunca fueron llamados,
quiero decir: los pueblos jamás necesitaron
de su yugo travestido de ayuda,
ni de misiones técnicas para espiar nuestra casa
y ver qué han de llevarse cuando les haga falta.

Y si alguien los llamó fueron sus propios siervos
que vieron peligrar su lujo y sus prebendas;
los que corren a las guaridas del Imperio
a entregar presurosos el hambre de sus gentes
a cambio de una foto con algún Bush de turno;
los que solícitos cambiaron patrimonio
por peces de colores; la absurda fantasía: el uno a uno,
y la pretensión necia: que esto era Primer Mundo.
Los que no dudan en arriar la bandera
y hacer flamear a tope el dólar y su águila
para engordar su asco con aplausos de Washington.
Los que golpean las puertas de la Gran Satrapía,
idiotas útiles de los mandados imperiales.
Es necesario que aclaremos y evitar confusiones:
jamás el pueblo les dio las llaves de la Patria.

Señores globalizadores del odio y la miseria:
quédense con la copa siempre vuelta a llenar,
repantigados en las mullidas poltronas del ocio,
viendo cómo discurren el Potomac o el Hudson
desde la alta ventana que limpia un negro pobre;
no hace falta que vengan a babear nuestro vaso
donde aún compartimos el vino que nos queda,
ni a aniquilar el sueño de nación aún posible,
ni a decirnos qué hacer, pues muy bien lo sabemos.

Tenemos que limpiar donde pasaron
para evitar el mal olor si allí pisamos.
Debemos empezar a vivir con lo poco
que mucho será cuando sea nuestro.

Y terminar con los cipayos con alegría,
como quien mata alimañas a garrotazos.


"CAJITA FELIZ"


Si maltrata su estómago con comida chatarra

puede deberse a una causa congénita:
usted sufre de atrofia gustativa,
pues le da lo mismo un bife de chorizo
que masticar madera balsa o telgopor.
Puede ocurrir también que el apuro
lo zampe por costumbre al antro comedero
mareado por los brillantes cartelitos
y ese payaso insulso que cautivó a sus hijos;
de ser así la cosa ya es más grave:
debe usted replantearse quién es y dónde vive
pues la propaganda le bloqueó el instinto nacional.

Le digo esto porque lo veo entrar a diario
arrastrando a sus chicos, felices e inconscientes
de inmolarse al Moloch de las multis;
en tanto usted sonríe made in USA,
apático, neutro, como sin ganas,
ingenuamente norteamericanizado,
rehén de Mastercad y Visa,
definitivamente cadáver para este país y su bandera.

Mientras revienta sus arterias
con grasa de hamburguesas,
hincha su estómago con gases Coca-Cola,
se harta de carbohidratos de blandas papas fritas,
un ejército de adolescentes para todo servicio
corre de un lado a otro full-time por un mísero sueldo,
y además es descartable,
como la “Cajita Feliz” que acaba de comprar
más un insulso muñequito de plástico.

No olvide, al retirarse, sonreírle al payaso multicolor.
(De esta manera usted ya es –a título gratuito–
un ingenuo colaborador.)

MacDonald’s agradece su visita
y lo espera nuevamente
para seguir profundizando la yanquización.


DESALEGRÍA POR LA MUERTE DE UN INFAME


Como el agudo espanto y el dolor se consumen,
ni espanto ni dolor te aguardan. Solo y maldito seas,
solo y despierto seas entre todos los muertos,
y que la sangre caiga en ti como la lluvia,
y que un agonizante río de ojos cortados
te resbale y recorra mirándote sin término

“El general Franco en los infiernos”
Pablo Neruda


Hoy tengo desalegre la alegría pero constato una certeza:

no hay castigo divino, menos un juez omnipresente;
la justicia que escape de manos de los hombres no tendrá veredicto
y el culpable permanecerá impune.

El más allá no existe, nadie podrá cobrarle;

es en el más acá –el único posible– donde se ajustan cuentas.
Dejó una larga deuda de crímenes que ya no pagará.
No saldó ni uno solo de su reptar siniestro,
quedó a deber la sangre que bebió en años de odio.

No fue nada la muerte del infame,

la muerte nos sucede a todos.
Y el olvido caerá sobre su nombre
porque a veces la historia tiene frágil memoria.

Debió sobrevivir todas las muertes de su maldita estirpe,

de cada uno de su genealogía que después de él fueron engendrados,
sin posibilidad de ahogar su aire con suicidio.
Debió haber vivido por una eternidad de larga noche
de espesas pesadillas de vómitos y gritos.
Pero todo le resultó muy fácil, sin sobresaltos ni arrepentimiento,
de la misma manera que masacró a su pueblo.

Lo velaron como si fuera humano.

Se merecía la charca infecta y pestilente,
o el basural donde se arrojan los desechos quirúrgicos;
pero a los buitres nunca: sólo comen carroña,
apartan la inmundicia genocida, el pus dictatorial.

Cerró sus ojos amarillos de pescado podrido

pero con rostro placentero como un abuelo tierno.

Lo cremarán, para no ofender a los gusanos.


Ahora hay que vigilar al ave fénix,

porque sus pútridas cenizas permanecerán sobre la tierra.


GUERRA GLOBAL

Y a no olvidar que las ideas
también son armas.

Subcomandante Marcos


Sobrada razon tiene ustes Subcomandante
en que la globalización es la cuarta guerra mundial.
La más cruel y cobarde de todas las habidas
porque dispara sobre los indefensos
con las balas calientes del hambre inmitigable,
con las balas ágrafas de la ignorancia como destino,
con las balas frías de la desesperación terminal.

–¿Y es tan perverso este enemigo
que se enrosca en las sombras del mundo financiero
a empollar su maldad en las madrigueras de los monopolios,
a criar su nefasta descendencia en las guaridas multinacionales?

–Es enorme su fuerza, su dictado es omnímodo;
todo lo puede, lo digita, le pertenece
sin haber derramado jamás una mísera lágrima.

Allí donde alguien grite le pondrá su mordaza.
Al que pretenda decir No le silenciará la palabra.
Los que desconozcan sus designios serán arrasados.
Para el que se rebele tendrá lista su mortaja.
A aquellos que osen decir patria los asfixiará entre sus garras.

–¿Cómo puede este antediluviano de la era cibernética
hacer y deshacer el mundo como si se tratara de su casa?


–Porque ha perfeccionado los mecanismos del títere,
manipula a la perfección los hilos,
y es sumamente experto en poner y sacar.
Entrona presidentes a su antojo
–desde el Salón Oval hasta el sillón de Rivadavia–
y los arrodilla cuando le vienen ganas.

Los gobiernos de las autoproclamadas “democracias”
hacen prolijamente los deberes que los imperiales les reclaman.
No sólo el Tercer Mundo perdió a sus gobernantes,
también en Washington el Capitolio es una cáscara:
en Wall Street está la verdadera Casa Blanca.

Y hay más: los que sacan partido de la situación
y aplauden a rabiar cuando el jefe de la claque lo manda,
los neoliberales autoungidos como salvadores de la patria,
los artistas enrolados en el escapismo de estériles vanguardias,
los poetas oscuramente subjetivos amontonadores de palabras,
y una legión de intelectuales acríticos, a la espera ¿de qué?
para después analizar “fríamente”, incapaces de cambiar nada.

–¿Es el fin de la Historia esta historia?
–No. Terminará cuando los hombres pongan en práctica el viejo axioma: 
“En la unidad está la fuerza”,vea con claridad quién es el enemigo
y depongan la lucha fratricida.

–¿Este momento marginal al sentido del hombre,
su realidad, su meta,
colapsará con brusquedad de un día para otro?
–No. Porque nada concluye sin agotar su ciclo:
los volcanes silencian su estrépito,
enfrían la furia de la lava luego de la erupción.
Los ríos aquietan sus aguas cuando el mar los devora.
Unos y otros pelean antes de sucumbir.

Y es aquí donde entramos nosotros
para ahogar las pestilencias del azufre,
para reunirnos e imitar al océano.
“Debemos encontrar el talento necesario
para cambiar el mundo,
transformarlo,
y crear un mundo nuevo”,
lo dijo el Subcomandante Marcos,
combatiente insobornable de la guerra global.


INTRANSIGENCIA

No transijo:
permanezco en lo mío
–que es un fragmento del nosotros–
con los algunos que quedamos,
con igual convicción y el mismo ímpetu;
puedo cambiar de táctica,
tirar a la basura panfletos de queridos amores,
inservibles esquemas,
poner a punto las viejas consignas,
reordenar las tácticas,
pero jamás cambiar de camiseta.

De pie en medio de la Historia
–renovado volcán de vendavales y tormentas–,
azotado por ráfagas de mezquindad y odio,
libre de la mentira de un dios y otras falacias,
sin confundir ideología con doctrina,
sin doblegar la dignidad bien enseñada
y mejor aprendida,
y antes que nada:
vestido con la desnudez de América
antes que desnudo con el ropaje del Imperio.

Aun con terrones en la boca, frío y solo,
pero entero,
fiel a mis principios.


A LOS POETAS PUROS

No sirven los versitos a la luna
cuando están estaqueando a la Patria.

No es lícito cantarle al propio ombligo
mientras buitres foráneos y caranchos autóctonos
a picotazo y garra celebran su festín.

En tanto el poeta puro, mirando hacia otro lado,
cree que esto no le incumbe,
porque él debe seguir
buscando la palabra inconsútil,
etérea,
prístinamente alada
de “verdad metafísica”, que lo hará trascender.

¿Es acaso ignorante de la diaria injusticia,
del que muerde la nada como si fuera un pan?
¿Desconoce que hay pocos que viven de los muchos,
que su opulencia y boato es dolor de los más?

Nuestro poeta puro lo sabe –no le importa–
pues arrastra sus huesos entre tantos demás;
adjudica al destino lo que le pasa a otros,
y cubre sus miserias de individualidad.

¿Por qué no pone fuego en su poesía
y que las muchedumbres la vengan a templar?
¿Por qué no dice claro, con precisas palabras,
y al abismo de sombras tira su oscuridad?

Porque el poeta puro se siente “el elegido”,
el tocado por Dios,
el que debe salvar la esencia de lo bello,
la belleza esencial,
que es una copa helénica plena de eternidad.

Travestirá palabras, que no digan ni alerten,
apenas que sugieran lo intangible,
que esotéricas se abran
sólo a los que posean la llave liminar.
Por eso pontifica muy ufano y orondo
que la Poesía
elige a aquellos a quienes debe llegar.

¡Qué lejos está nuestro metafísico poeta
de la poesía original!
¡Qué insignificante se lo ve a nuestro poeta
entre los poetas de verdad!

El poeta puro es un montón de escombros,
de palabras vacías
sin tiempo ni lugar.
No le faltan alas para emprender el vuelo,
pero como nunca caminó junto a los hombres
jamás podrá volar.


CONTRA EL ÓXIDO

No podrán engañarme con su posmodernismo trasnochado
vacío de todo contenido
ni con la falacia de sus discursos huecos
mal armados con frases sacadas de contexto.
No podrán atraparme en su telaraña reaccionaria;
no caminé la vida mirándome el ombligo
ni la poesía ni el arte me aislaron de los hombres,
más bien en ellos naufragué mis fracasos
y volví a la marea del tiempo
con un viento de esperanza en el velamen.
No podrán embaucarme: aún tengo ideología.

Y si algunos arriaron su bandera y otros se apartaron del camino
porque es de jóvenes revolucionar la vida
y en su adultez optaron por los análisis complacientes de los politólogos de turno,
yo insisto en mi locura: otro hombre y otro mundo son posibles.
Hay que cambiar los métodos,
buscar un nuevo enfoque,
mirar desde otro ángulo,
golpear de otra manera,
pero siempre con la misma herramienta con la que forjamos una ética
para darle un sentido y conducta a la vida.
No podrán sobornarme: creo en mi ideología.

Atrás quedaron los ’60 aguerridos, sus tumultuosos días
de un Cordobazo autóctono y un Vietnam vuelto ejemplo;
ahora debemos reactivar la memoria, estar atentos.
(Al parecer, la Historia es muy proclive a repetir errores
cuando los hombres olvidan a sus víctimas.)
No dejarse confundir por los falsos profetas de la muerte de las utopías,
los mismos que aceitan la letal maquinaria de un sistema bien organizado
–con cantos de sirenas para hechizar incautos–
que intentará, a su tiempo, cubrir de duelo hasta donde alcance;
ojo los confundidos,
los que se creen a salvo,
los cómplices pasivos por mirar al costado
y hasta los que transaron por las sobras de los poderosos.
En cuanto a mí –aun entre contradicciones–
estaré, si es que me da el aliento,
hasta perderlo todo, menos la ideología.


SONETO DURO

Miramos hacia atrás: ya no es lo mismo,
el tiempo consumió lo más lozano,
la inquieta adolescencia, aquel verano
con perfil de muchacha, y el abismo
al que nos asomamos para vernos
en lo profundo, juntos, verdaderos,
cuando templamos lo imperecedero:
el ideal que habría de sostenernos.

Los años nos mellaron los costados,
pero nada pudieron con el filo
que usó la vida para abrirse paso.

Aún estamos, más vivos que olvidados
–aunque penda el mañana de un fino hilo–,
creyendo en el nuevo hombre liberado.

24.4.07

SIN CABLE A TIERRA (2005)























A MIS IGUALES

Ustedes, solitarios por elección, que conocen la diferencia entre estar solos y ser 
      soledosos;
que no confunden alegría por multitud ni silencio con no saber expresarse;
que no dudaron en matar al hastío porque siempre hay cosas por hacer 
y guardan las nostalgias en frasquitos que destapan cuando necesitan recordar y no 
       para que las tristezas los devore;
que aprendieron que el amor tiene más que esconder que mostrar, sin que esconder
       signifique avaricia ni mostrar darse  íntegros;
que blindaron su existir contra la mediocridad buceando en mundos interiores,
pero que no oponen resistencia cuando la vida los horada, los quema
      con los dardos de la realidad;
que han aprendido a decir no –muy a su pesar– luego de tantos sí desperdiciados;
que aun pudiendo responder con mentiras a la mentira dijeron la verdad y 

       los crucificaron con sus propias convenciones;
que saben que poesía puede ser tanto grito o palabra reflexiva a condición de 
      que nazca legítima desde lo verdadero;
que se niegan a dar a quienes no saben recibir, porque aquellos que sólo esperan 
      dádivas han anulado todo esfuerzo;
que de tanto apurarse llegaron antes pero mal y de este modo comenzaron 
       a valorizar la espera;
que se dieron a soñar “sueños posibles” después de dilapidar esfuerzos en

       sueños irreales;
que no renunciaron al hombre nuevo por más que otros lo hayan traicionado;
que entienden que un siglo es sólo parte de la historia y no toda la historia,
y que hay que dar un paso atrás para dar dos pasos adelante.

Ustedes –únicamente ustedes– son mis iguales.




LEGADO

Voltear un árbol no significa haber talado el bosque,
quemar la copa no es matar la raíz;
el viejo tronco cae a tierra con su historia
pero los retoños han hecho suya la esperanza.

Las utopías reverdecen con nuevas fuerzas,
señalan con sus ramas jóvenes de futuro
a los traidores de la humanidad
que pretenden extender por decreto
el certificado de defunción de las ideologías.




SEGUIR CON NUEVO RUMBO

Con ojos viejos ver lo nuevo que amanece.
Con gastados dedos tocar lo recién florecido.
Con los oídos limpios del crepitar de otras hogueras escuchar el fluir de serenas aguas.
Con pies calientes de hollar caminos transitados pisar sendero virgen.
Con manos cerradas después de tanto abiertas nuevamente ofrecidas.
Con ventanas clausuradas con clavos del ayer despejadas a la luz de esta hora.
Con la esperanza que sobrevive entre desperdicios de incertidumbre.
Con los sentimientos, guardados como un avaro de sí mismo, jugados a una última carta.
Con el ser dos cubierto por el polvo del olvido, ser uno más el otro, limpios de antes errados.
Con la vehemencia del deseo como una espada victoriosa.
Con el amor guardado en su estuche inviolable listo a usar encontrada la llave.
Con la premura juvenil derrotada por la madura adultez, consciente del valor de la espera 

      cuando menor es el tiempo que resta.
Con palabras duramente aprendidas que debieron olvidarse porque ya nada significan.
Con la certeza de lo efímero pero con voluntad de proseguir tras la permanencia.
Con alegrías y tristezas siempre a partes iguales; pero con sol, sangre a puños, y con vos.




*

La poesía es el vino del diablo.                                                                                 
San Agustín


Hay demasiada poesía inofensiva,
un exceso de palabra cáscara,
de versitos chatarra.
Falacias en líneas desparejas,
claves del círculo cerrado,
delectación de grupos áureos.

En tanto los que pudrieron el siglo ya muerto
se aprestan a infectar el que comienza.

Por cada hombre que grita, cien cayeron.
El cambio que no fue merece un nuevo intento.

La voz del poeta debe empujar con todos,
vibrar enraizada en su tiempo.

Despierte la poesía como espada,
piedra filosa,
dientes en el alma.




*


Por cada niño de country cerca de algún sueño,
diez chicos de la calle aspiran pegamento.

La alambrada,
segura para el que juega adentro,
infranqueable para el que sufre afuera,
pese a sus férreas púas sólo es ficción.

Ellos no lo saben.
Sólo los adultos duermen con un ojo abierto.




LLUEVE

Clava puñales de odio líquido el agua
en las paredes de cartón.
Los destechados muerden lluvia.

Mientras los míos están a buen cobijo,
sin hacer nada me digo qué hacer,
cómo podríamos,
y amontono palabras inservibles,
olvidados que nunca las leerán
mojar de frío su temblor,
asesinan lágrimas,
resisten la intemperie.



GORRIÓN DE SEMÁFORO

Con luz verde de apuro
limpia los parabrisas
de los mismos que ensucian su vida.

La moneda indiferente,
el gesto hosco,
son parte de la paga.

A este chico le extraviaron el niño,
le perdieron la infancia;
enmascara con sonrisas prestadas
la realidad que pisotea su lágrima.

A este pibe sin lápiz,
ausente en los recreos,
le condenaron todos los posibles,
menos el de su nada.

Cuando el vidrio refleja su pena
tiene ganas de matarse los ojos;
qué no daría por morder su desgracia.

Pero esto dura el tiempo del semáforo.

La luz roja lo tira a la vereda
hasta el próximo verde sin futuro.



EL VIEJO POETA

Con su antiguo bagaje
transita caminos nuevos.

Como ayer se adentró en solitarios senderos
a buscar su decir,
a aflorar sentimientos que habitaban sus vísceras,
a sacudirse y sacudir
con palabra emocionada,
con dolor –sí– pero con cuántas ganas.

Y aún entre tantos muchos
acompañado por su soledad,
el viejo poeta sigue yendo
–pese a estar de vuelta–
como un desafío del asombro,
jugado a un futuro que no verá pero sabe cierto
–pese a las contramarchas del hombre que tarda en aprender–,
cuestionándose todo
a un paso apenas de la nada.




DYSTOR

Tenía agujereados los bolsillos del alma
por donde perdía monedas de tristeza,
vuelto flaco de esa última vez
cuando compró un olvido y dos o tres ternuras.

Se metía en el bar como quien vuelve al útero;
rescataba del piano
los últimos colores de la luz del sonido,
fuego pálido que apenas lo entibiaba.

Pasó con urgencia de vida, de tormenta,
¿pero quién sobrevive sin tocar tierra nunca?

Un día descubrió la soledad en medio de su viento,
se fue con ella y lo perdimos.
Él, que era música,
se suicidó en silencio a ráfagas de alcohol.

Ahora que lo recuerdo tal vez esté tocando.



ALBERTO GONZÁLEZ

Te descubrí Conesa de nostalgia
con versos a destajo, un vino alto,
encumbrado, heridor, sobresaltado,
en equilibrio al borde de la nada.

El amor repartido entre dos barrios:
de Almagro con baraja y luz de estaño;
de Núñez, por extraña recalada.
Mas porteño cabal en lunas pálidas,
los nocturnados gatos en sordina
viajero de las últimas cornisas
sabían sonreírle a tus heridas.

Para sentirte vivo en tus zapatos
esquinaste el dolor a contraverso
nacido entre guitarra y madrugtada.

Un gris de tarde Balvanera y última
vaciaste el corazón, te diste el gusto:
compraste a la vida tu tiempo que faltaba
y le dejaste el alma de propina.




A RUBÉN CHIHADE

Justo vos, sin apuro para nada
–menos para junta esperas inservibles–
cerraste la vida de un portazo,
abriste el espejo a la nada
para mirarte ayer desde otro espacio.

La cosa no era así; te tomarías tu tiempo.
¿O no lo habíamos hablado?
Dueño de todos los permisos
te pegaste el faltazo a vos mismo,
desacompañaste a tu sombra.

Volvé a ser vos: desapurate.
¿Cuál es la urgencia?
El vacío no es más que espera acumulada.
Ahora ya lo sabés. Pegá la vuelta;
vení a desenviudarme la alegría.

Dale Rubén, un año es suficiente
para estar escondido en ningún lado.

Me corro hacia un costado de la vida,
le doy espaldas a las sombras
y en la pared de mi extrañeza cantame piedra libre.

Sacudite del alma la eternidad vacía,
sacate este silencio que no es de tu medida,
que no logro entenderte y me aprieta el no estás;
vestite de aquí estoy,
ponete un vino,
hablemos de los amores desprolijos
y de la prolijidad de los recuerdos,
de los 60 sin renunciamientos,
de “Bar-Lap” de la mesa acogedora,
los Martes de Poesía,
el Grupo de los Siete,
y el poema,
que aún después de escrito espina y duele.

Antes de apagar los asombros, como nos sucedía,
armemos algún plan irrealizable:
¿quién dice que tal vez no sea posible?



DEL AMOR

Nadie mete la mano en un frasco y extrae de allí el amor;
no es confitura envuelta en delicado papelito plateado.
El alto oleaje de la vida no escatima reveses
para probarnos lo contrario.

El amor posee características opuestas a las del agua;
encierra en su núcleo todos los colores del espectro
según la intensidad que uno vuelque en su centro.

Huele a pan recién horneado, o a fruta pasada
si se lo muerde sin experiencia o a destiempo.

Puede ser dulce empalagoso
o resultarnos de amargor más denso que la hiel.

Y es lo más parecido a las regiones sísmicas:
sus fallas son altamente inestables.




ENCONTRADOS

Somos los encontrados,
los que nunca se buscaron porque no se sabían,
los que no se sabían
porque el amor andaba con su allegro vivace
musicando la vida de los demás felices.

Pero él no supo de nosotros
hasta el momento del encuentro,
lugar preciso en tiempo y forma conjugados
–ninguno de los dos pudo preverlo–
para que coronara con delirio su búsqueda.

No se puede correr tras el amor,
serán intentos vanos;
no daremos con este escurridizo
que está en todos lados y en ninguno,
se reparte en fragmentos en cuanto nos rodea:
puede ser un susurro en voces que se alejan,
la brisa del perfume de alguien que ya ha pasado,
un ligero temblor en gestos que nos rozan,
o una vibración imperceptible en la mirada
puesta como al descuido sobre unos ojos que nos cruzan.

Sólo cuando al acaso, sin querer ni pensarlo
aparece ese otro al que no hemos buscado,
el amor se desfragmenta,
reúne lo vital,
su cuerda insensatez,
lo inusitado,
su tierno desparramo,
se corporiza y logramos tocarlo.

Es el amor entonces el que nos ha buscado;
el amor, sí posible, a condición de que antes
haya dos desconocidos encontrados.


*

No llegues nunca a meta alguna: mantente en el camino.
Si se diera tu arribo a donde lo quisiste porque grande fue el impulso,
con ese primer ímpetu que pusiste en tu empeño,
vuelve a partir, aunque debas desandar lo recorrido.
Adéntrate en senderos que marque nuevos objetivos.
Que tu repetición sea la interminable búsqueda
hasta consumir tu fragmento de luz en la tierra.




REPARACIONES

Si algo se descompone lo pruebo una vez
y otra vez más vuelvo a probarlo;
si no lo desnudo,
lo destripo hasta que lo compongo,
o lo desarreglo y no lo vuelvo a armar.

Así con todo:
con los transistores de la radio,
con algún libro desencuadernado y polvoriento,
con el mouse que se llena de pelusa,
la canilla que gotea,
el teléfono mudo;
si los reparo es Waterloo,
si no tienen arreglo no hay tragedia.

Con el amor procedo igual:
si anda mal,
si se le desactiva la alegría,
si se percude sin motivo
y no por falta de cuidado se le oxidan las sonrisas,
si ya no le funcionan los besos ni aun extremando las caricias
y hasta los silencios chirrían,
entonces lo desarmo,
ajusto los invisibles botoncitos que sirven para encender la vida,
aceito con cuidado los engranajes cotidianos
e intento componer algún fragmento de asombro que todavía no trituró la rutina
Si lo reparo lo echo andar hasta que dure,
si no va más, lo pongo en un poema-paquetito,
lo envuelvo con tristeza,
le hago un moñito de ternura y lo entierro en el alma junto a otros amores,
algarabías que fueron,
olvidados nombres,
antiguas emociones ya sin sacudidas,
marchitas ilusiones
y no pocos temores,
porque no dispongo de tiempo para insistir en lo imposible
ni me sobra lugar para amontonar cosas inútiles
que pesan demasiado para arrastrarlas por la vida.




VIEJOS RECUERDOS

Tengo más cajas repletas de momentos sin vida
que lugar donde archivarlas;
por eso algunos recuerdos
andan desparramados por el hoy;
a veces, al tocar cosas vivas,
no puedo evitar sus cuerpos fríos.

Necesitaría un rincón más amplio,
hacerme de más sitio
para guardar entonces,
casi olvidos,
muertos instantes,
pedacitos de alegrías que fueron.

Pensándolo bien,
sería más sano tirar todas las cajas.




65° ANIVERSARIO

Uno transita su camino sembrando aquí y allá,
recoge si el tiempo fue benigno,
vuelve a aventar semillas en la estación propicia,
aguarda esperanzado la nueva cosecha.

A veces, con frutos un tanto ácidos, recogidos con premura,
temerosos de la imprevista intemperie que puede marchitarlos,
alimentamos de distinto modo cuerpo y espíritu con igual fruición
después de templar esfuerzo y espera con similar paciencia.

Luego un día, casi sin darnos cuenta,
irrumpe el Tiempo en medio del camino –salido vaya a saber uno de dónde–
y nos pone 65 años encima, así como así, todos de golpe,
como veintitrés amonestaciones límite,
a un paso de ser expulsados del sitio de la humana reunión.

Y uno quisiera encomendarle al Tiempo
que le pregunte a la Vida si se trata de un premio o un castigo,
porque lo más grave que recordamos
es haberla vivido a destajo.

______________

PAPELES EXTRAVIADOS VUELTOS A HALLAR (2001)
























PERE-LACHAISE

Hay sol,
la luz salta y rebota de las piedras al verde,
de las matas florecidas al pleno color;
el otoño que empieza a inaugurar los ocres
no logra todavía disciplinar el gris.

A cada paso alguien me sale al encuentro
como si yo fuera un familiar
–con un enorme ramo de flores– que viene de visita.

En la entrada no más me saludó Alfred de Musset;
algo me comentó sobre la Confesión de un hijo del siglo,
y de un capítulo que no quiso incluir;
luego me indicó que su amigo Chopin está cerca de allí.
Cuando ya me alejaba tiró una pregunta: “¿el romanticismo, prendió?”

La tumba de Abelardo y Eloísa
góticamente gastada por el tiempo
es melancólica como las cenizas del olvido.
¿Pero ellos, descansarán allí?
De tarde en tarde es posible sorprender a novísimos amantes
pactando sobre la corroída piedra algún amor eterno e inviolable.

Modigliani da tregua a su delirio de pasiones y ajenjo junto a Jane Hébuterne;
ya es célebre; no le hablen de pintar.

Sobre la tumba de Colette hay un ramito de margaritas frescas:
seguro que Claudine acaba de dejarlas allí.

Y usted, don Juan Bautista Alberdi,
cerrar los ojos tan lejos de su casa –de su florido Tucumán–
¿cuándo echó dos vueltas de llave a su mausoleo parisino y se mandó a mudar?

Oscar Wilde me dice que prefería la humilde tumba
donde su portero dejo aquella corona “A mi inquilino”,
a esta esfinge de piedra que le impide volar.

Lejos de todos, escondido,
escapando todavía de sus acreedores, descansa Honoré de Balzac.

A Marcel Proust ya no lo ahoga su asma nocturna pero igual cierra todo;
enciende la lámpara; abrigado e inmóvil escarba en sus recuerdos con apretada letra
buscando un tiempo perdido (¿o recuperado?) que ya no habrá de terminar.

En la tumba de Piaf no había nadie.
–Es raro–, me dijo un cuidador.
Pero no habíamos escuchado en el árbol más próximo un gorjeo de gorrión.

Maestro Ingres, usted tan austero, tan serio:
¿justo aquí se le ha dado por tocar el violín?

Cézanne –modesto y necesario como el pan–
prefiere hablar de Zola, se niega a hablarme de él;
le digo de la importancia de su obra,
me mira, mordisquea una manzana, y se larga a reír.

A Molière no logré verlo:
estaba en su retiro campestre junto a la condesa de Noailles y La Fontaine
comentando acerca del teatro de Beaumarchais.

Gertrude Stein:
¡qué sorpresa
encontrármela aquí!

Ya de regreso, envuelto en una suave brisa,
entré al molino a invitación de Alphonse Daudet.

Volví contento, después de saludar a tantos amigos,
mientras caía la tarde por la rue du Repos.
Muy pocas veces me sentí tan bien.

“El cementerio del Père-Lachaise está vivo”,
recuerdo que pensé.



7 DE LA TARDE EN LA GARE DE L’EST

Los ómnibus y el métro depositan ingentes cantidades de cansados,
grandes paquetes humanos que corren hacia la paz de la banlieue.

Los amantes se despiden con los ojos cansados pero el cuerpo como de viento
en el cruce del boulevard de Strasbourg y rue de la Fidélité.

Un motociclista cruza con semáforo en rojo en su destino de 
joven suicida.
Un grupo de negros dialoga en su lengua tribal.
Un ex combatiente lisiado murmura groserías sin dejar de escupir.
(¿Habrá perdido su pierna en la Resistencia o en un vulgar accidente menor?)

Un contingente de turistas-fuera-de-zona con rostros demudados
hace gesto de desesperación.
Una pareja adolescente se eterniza en un beso 

como si acto seguido fuera a morir.
El argelino con su botella de vino envuelta en diarios
zigzaguea hacia su cuarto de pensión.
Madame aguarda con paciencia a que su perro haga sus necesidades;
uno de los tantos perros consentidos, mimados, siempre bien cuidados
por los vecinos de la Ville de Paris.

Grita un diariero.
Corre aullando sirena una ambulancia.
Ulula un patrullero buscando espacio abierto.
Un niño es arrastrado por su madre mientras gasta su chupetín a lengüetazos.

Anochece.
El cielo no quiebra la llovizna que comenzó hace un mes.

La estación fagocita viajeros silenciosos;
todo es un sostenido monólogo interior.

Nadie me mira.
Tengo la sensación de ser un dinosaurio con corbata
que intenta ver la luz de sus hermanos
en la Ciudad Luz.

París es una alienación cotidiana como Tokio, Buenos Aires o Nueva York.
Las siete de la tarde contagia la misma locura en todo el mundo,
¿por qué debo esperar que esto sea mejor?

Necesitaba pensar en algo hermoso:
me fui pensando en vos.



TERAPIA INTENSIVA

No sé la soledad que llevo
en esta asepsia de terapia intensiva.
Nada me sirve. Nada.
Ni soñar largos viajes,
ni proyectar mi casa junto al rumor del mar,
ni creer por un instante
que mi vida existe sólo porque la pienso.
Sin embargo qué fácil
para que todo me sirviera,
sólo con acercarte a este ser en hastío,
junto al lecho de muerto en el que desespero,
arrancaras la sonda
que instila la rutina
y en su lugar pusieras toda la vida en serio.



DE EXAMEN

Todo lo que hoy te puede salir mal
seguro que mañana saldrá bien.

Por eso si esta tarde
tu buena estrella se comporta como una niña indócil
que al llamarla juega a las escondidas,
no le des importancia;
cuando caiga en la cuenta
que por más que se oculte
vos seguís como si no pasara nada,
saldrá de su escondite cansada de esperar,
mudará de carácter
y marchará a tu lado, apenas dos pasos adelante,
culposa, sin mirarte, mansa.

Te espero confiado en tu victoria,
deseando que llegues y te sirva de tregua,
ojos cerrados, suspiro de ya fue,
vaso de agua,
oasis en medio del Sahara.

No importan los parciales: dos o diez,
igual te aguardo
con un íntimo ramo de ternura.
Pase lo que pase, mi amor te espera en casa.



HASTA QUE LLEGA PIAGET Y ME LA LLEVA

Todo está bien hasta las 19;
hablamos hasta aquí
de nuestras cosas
que no están en los textos,
de todos los después
que al no encontrarles clave
resolvemos a besos.
Y un minuto más tarde aparece Piaget
y nos miramos en silencio.

Muy bien, doctor, muy bien,
aquí está, se la dejo,
pero sólo para que le enseñe la teoría libresca
de la praxis que llevamos dentro.

Mañana, con la vida, pasaré a buscarla.
No me la deje lejos.

*

La vida no es jardín ni huerta:
apenas tierra desierta.
Depende del empeño y el amor
que ponga el cultivador.

Tras esfuerzos denodados
y cansancio renovado
podrás ver los resultados.

Y ya cerca de morir,
por tu tesón y paciencia
recogerás lo sembrado:
la experiencia de vivir.

Será el fruto más preciado
que al germinar te habrá dado
la semilla de existir.


BUENAS TARDES, TRISTEZA

Hay una tristeza blanda
que a veces llega
a eso de las cinco de la tarde,
entra por la ventana
de verdes diferentes
que el Sol ennoblece con su luz,
y no resulta extraña esta presencia iluminada
que cobra vida sin haberla nacido
a una hora inusual para estas cosas.

Cuando se han franqueado las jóvenes fronteras,
cierta melancolía sucede sin instante preciso
y desovilla el tiempo
que deja correr en nuestras manos
recuerdos de contornos desleídos,
débiles ecos de exaltaciones apagadas,
opacados reflejos
de la plenitud de otras horas,
en cantidad y calidad según se haya atesorado.

No hay un momento exacto,
pero ocurre,
porque el verano puede tener sus aristas de otoño
como golpes de invierno sobresaltar la primavera.
Uno es también la acumulación de todos sus instantes,
y así sucede que es posible
vestirse de hojas mustias en noviembre.

Deambular en otoño
–furiosamente agónico de todas las ausencias–
bajo frías hilachas de garúa en la bruma de parques solitarios,
asumirse sin ángel,
amar sin ser amado y aún tener esperanzas
y elegir la tristeza por toda compañía
siempre serán patrimonio de la adolescencia,
puerto de la vida que dejamos lejos,
ahora que navegamos hacia una orilla cierta.




9. 2. 84

Le diste cuerda a mi alma un jueves nueve,
le aceitaste los ejes y las ruedas
y la pusiste a andar para que pueda
seguir hacia delante, porque aún debe
estrenar un poema sin pasado.

Yo te ayudo a crecer; vos ayudame
a no volver al antes cuando llame
algún entonces que creí olvidado.
Así, entre los dos, creo posible
lograr el cometido que llevamos:
vos a correr la vida que te inicia,
yo a ser hombre cabal y perfectible.

Acompañame, Nico, aquí empezamos.


*

Mientras dormía a mi hijo en la penumbra terciopelo de su cuarto,
el alba despertaba detrás de los visillos
como si el siglo por llegar, a hurtadillas, me espiara.

Desde que él está interrumpí el monólogo;
le dije susurrando: esta claridad es el mañana que despunta,
cuando su luz se halle en el punto más alto de tu vida
acaso ya no esté,
pero recuerda que defendí su resplandor desde mi grito.

No olvides a los hombres que dejaron su aliento
por un mundo mejor que aún se demora.
Junto a los iguales de tu tiempo
será tu deber insistir en la misma esperanza.




*

Cuánto poquito voy a dejar, amigos:
algunos versos,
un montón de ganas,
una vida vivida con fervor,
otra que dejé para mañana.

Todas muy poca nada
las cosas
que sin darme cuenta
en un rincón fueron amontonadas.

No perduré ningún amor
porque ningún amor fue terminado;
que me perdone este amor
que ahora se demora a mi lado.

No dire: dejo un hijo,
porque le pertenece a la vida;
ella nos lo presta un instante
para sentirnos menos desgraciados.

Antes de irme
dejaré mi sitio limpio de proyectos,
para que otro lo ocupe
con su sangre y sus ganas;
me llevaré mi muerte
–reverso de la vida–
que a nadie ha de servir
y traje de la Nada.

No diré adiós,
bastará con mirarlos.
Me iré en silencio,
como corresponde
a los que están de paso.



*

¿Huyó la juventud, sin despedida,
o murió sin tiempo para el duelo?

Quedan rastros visibles,
algunos delgados y borrosos, marcas
de imperceptibles huellas de alegría,
densos los más, profundos como
la pisada de una bota de guerra
que hunde en el barro su carga de tragedia.

Aliento por un largo trecho a recorrer
–no vislumbro resplandores de oscuridad final–;
a partir de aquí lo andaré solo,
con mi bagaje de todo lo aprendido;
me despojo sin pesar
de lo inservible que arrastré como lastre.

Por lo que reste: sin ilusiones vanas,
sin mentiras falsamente adornadas.

Se fue mi juventud
sin la húmeda sombra de la lágrima,
sin que lo notara.
Ahora el sol se demora, tiene grietas;
de todos modos, vida, bienvenida seas.
Siempre.


*

Cuando vuelvo
a los días inmóviles,
cristalizados,
nada de lo que toco
responde,
nada de cuanto sacudo
vibra;
sólo mi sombra
estremecida
en los rincones del olvido.

Despierto en sobresalto,
retorno
a un presente de dudas,
de cansancio,
de negaciones y fugacidad
y digo: ayer fue;
un segundo hacia atrás
adelanta la muerte.




ESOS DOS QUE VAN CONMIGO

El niño que permanece a mi lado
se prodiga en morisquetas al pasar frente a cualquier vidriera,
con sus manos sucias me hace cuernos,
o a diez dedos imprime su impiedad
en los pulcros espejos de brillantes ascensores,
me invita a burlarme de atildados ejecutivos descartables,
debo apartar con rapidez de autómata
la traicionera cáscara que arroja al paso del apurado que no falta;
incorregible,
siempre me pone en estos trances.

Lo mismo ocurre con el adolescente de mi otro costado:
lo reconvengo
para que no hable a gritos
ni intente contar cuentos en velorios a los parientes más cercanos,
o se empeñe en seducir a la prima solterona de la novia
en casamientos donde apenas si fuimos invitados;
le detengo la mano
a punto de escribir el nombre de su amada
en un árido pizarrón de secundario;
me sobresaltan
su nihilista aerosol de grafitis subversivos,
su culto a lo bizarro,
la Fender desbocada a todo trapo;
cuántas veces debí borrar de afiches
de embusteros políticos pulcramente falsarios,
barba y bigotes grotescamente dibujados.

Así desde siempre son estos dos impredecibles
que cagándose de risa van conmigo a todos lados.

Dicen que para crecer hay que matarlos,
no es de adultos soportar sus imprudencias.
Mas no le presto oídos a consejos de mal aconsejados,
descreo de palabras cuadradas,
de gente de rostro bilioso de color amargo,
me cansé de severos para nada,
de ordenados según quién se los mande:
gerente, comisario,
insoportable esposa,
o un, dos, tres, de frente: ¡marchen!;
de misa los domingos y lunes de lascivas miradas.

Los que asesinaron a su niño intempestivo,
crucificaron a su adolescente
luego de traicionarlos,
van con su agriada adultez,
la corbata fósil sobre la falsa importancia acartonada,
y su cópula fláccida, quincenal, mejor nada,
boludamente insípidos
haciendo agua en su destino de chatarra.

No digo que sobrevivir sea una jauja
ni que por sonreír el poderoso abra sus arcas,
no se trata de eso,
sino de saber qué alegría naufraga
cuando se decapitan sueños
o las postergaciones los aplastan.

Los homicidas de sí mismos no se interrogan nunca
sobre lo vital traspapelado;
la autocrítica siempre será zona vedada.
¿Cómo asumir entonces el autocrimen perpetrado?
Para arrastrarse hasta el final del túnel
sólo con mentirse les alcanza.

Cuando lo único que se posee es su enfermedad,
cada enfermo la cuida como un bien de salud.
Pero se paga.
_________________

DOMINGO PANADERO (1999)













*
(11/4/82)


Cayó sobre el jardín; su última almohada
fue de césped y otoño. Abril llegaba
con lentitud de herrumbre, marchitaba
una brisa de estío demorada.

Lo presiento feliz en el momento
de color de quietud definitiva.
(¿Estaría allí mi madre –fugitiva
de otra dimensión– para el encuentro?)

Su final se perfila alegoría:
como vivió en la luz partió temprano,
comiendo pan –amigo de sus manos–
nacido de su paz y su alegría.

Mi padre, mi mejor, el bueno obrero,
mi Domingo del alma panadero.



*
(La otra panadería)

Dejaste que el patrón bajara la persiana
como en día feriado
y fuiste por tu changa a otra panadería.

Ya no amarán tus grandes manos
la harina del pan de los mortales;
desde hoy es distinto:
con tu mandil de bolsa blanca
y tu vino escondido entre las nubes
amasarás el pan para los ángeles.



*

(Desquerer)

Cuando te desquería
naufragaba en un odio profundo por mí mismo
porque ignorabas ese otro sentimiento
que rompía las compuertas de mi ira más recóndita
y soltaba a tus playas mis mareas oscuras;
aguas que ni rozaban las tranquilas orillas de tu vida;
antes de llegar se habían aquietado,
estabas libre de mis salpicaduras.
No sabía agitar mi pequeña tormenta
o no podía contra tu amor, más grande.

Ahora lo sé desde el mismo lugar que ocupaste;
mi hijo continúa el juego
en el mismo sitio que fuera mío antes,
y el ciclo se repite:
su turbulento desquerer viene hacia mí
en oleadas que no logran tocarme
como las mías de entonces nunca te alcanzaron.

Así ensayan una vez y otra más –hasta aprenderla–
esa forma de amar, que es querer sin saberlo.



*

(Sincronía)

Intentando descubrir los juegos
que mi hijo nombra en su íntimo idioma,
te vi venir, papá, cruzando el patio
cuarenta años atrás en el recuerdo,

al tiempo que armaba con sus cubos
una babel multicolor y perfectible.
Vos estabas por la pileta grande
a dos pasos apenas del umbral de la pieza,

mientras él coronaba su abigarrado invento
con un camión pesado que apresuró el derrumbe.
En la mesa dejaste tu pan y la sonrisa
y acomodaste tu cansancio junto al vaso.

Nicolás vino a mí –olvidado su juego–
me abrazó las rodillas, dijo papá, riendo,
en el preciso instante de encuentro de destinos
que corrí hacia vos: Buenos días, papá.



*


Todos los jubilados se parecen en la buseca gorda de los mediodías;
vos también tenías algo de ellos: en el vino tinto,
el toscano mordido y cenizas sobre el pantalón,
en los diálogos surrealistas
con que pretenden arreglar el mundo,
mientras el tiempo roe los minutos
que escurren hacia la alcantarilla.

Esto ocurre, papá,
comiendo solo en una mesa pobre de arañado hule
acribillado por extinguidos puchos,
de una fonda aún más pobre todavía,
donde el hambre llega y se va con hambre
(no más que ver el gato que subsiste sólo de puro estoico);
pensando en vos, almuerzo frente a un anciano sin paloma
empeñado en devorar su poco guiso a golpes de gastadas encías.

Levanto en silencio el ordinario vidrio,
digo salud papá y yo soy vos que bebe,
porque en un jubilado que se fue sin propina 

y se perdió en la calle con su oficio de olvido,
hoy te volví a tener intensamente.



*

(Deudas)

Te debo cosas tan pequeñas
que por pequeñas son muy grandes, y duelen.

Verte una vez más sin mezquinos apuros;
un ¡te extraño! alarido, sin vergüenza;
la compañía retaceada cuando quedé sin madre:
sólo vi mi dolor, no me acerqué a tu llanto,
permití que una copa ganara mi lugar
y un mostrador te dio consuelo falso.

Te debo el picoteo musical de la Remington
cuando empecé a poner en líneas desparejas
la prosa del vivir en tonos neutros
–emoción, garra, nervio de los primeros versos–.

Te debo mi mano apretando la tuya que alentaba a la mía
y ese último abrazo que aún siento presionar mis espaldas
como el adiós final que te callaste.

Te debo desde el comienzo de la alegría
hasta el vacío de la pena
porque en el medio está mi vida.

Sólo mi muerte –viejo– no entrará en esta deuda.


______________

VIENTO SOLAR (1997)





















NEANT

Palabra gestada con esfuerzo,
volátil un segundo antes
del fugaz instante de eternidad,
casi logrado.

Poema: polvo de nada.



EVIDENCIA

Envejecen las manos antes que las palabras,
mas la juventud permanecerá
mientras creamos
que los frutos prohibidos no lo son,
intentemos devorar
a dentelladas de sol el tiempo que resta.

Es todo.
Lo demás, apenas
si hojas mustias de otros vientos,
retórica.



CÉSAR

Hoy busqué mi Vallejo
entre mis piedras de hambre;
hallarlo fue
más que alegría de aquel mi otro tiempo,
certeza de este hoy presuroso,
tanto que no deja lugar para recuerdos,
así de tan veloz el apurado.

Y allí estaban grito y latido todo uno
en cada verso, en cada
palabra latida con todas las respiraciones
de todas las vidas
que murió
y en cada letra rotunda como gota de sangre suya
en arterias de otros.

¡Ah! si hubiese olvidado sus poemas que me sé de siempre,
no haber sabido de él hasta este día,
en que necesitaba descubrirlo.



NO COMPATIBLE

Con más de cincuenta años de vida caminada,
intensidad de amor
en un asombrado corazón
y las mismas ganas que a los veinte
aquí estoy;
y si esto fuera poco
me enamoro sin cable a tierra
como un adolescente atropellado.
Algo más todavía: la necesidad
de hacer y deshacer
las veces que sea necesario,
la urgencia de crear al infinito
como si la eternidad no me cupiera,
(en este caso eternidad quiere decir la nada).
Y sol tras sol
más la esperanza de otros soles,
este humano subversivo a la muerte,
no compatible con la antialegría,
cada mañana nace para siempre.



DOS

Al descubrirse supieron que albergaban similares temores:
el del fuego en presencia del agua,
el de la palabra frente a los hechos,
el de la ausencia ante el abandono.

Vienen de historias viejas a escribir una nueva –no un
capítulo más–
cuyo final ignoran,
saben que podrán rescribir si aceptan ciertas reglas:
ser de a dos sin dejar de ser uno;
el pasado no existe mas lo llevamos dentro;
no hay heridas visibles, pero palpamos cicatrices;
incluso en armonía suelen reptar las dudas;
no existe amor eterno: sólo ahora y aquí.

Se saben cómplices;
abren el cuaderno, escriben con la vida.


PROPÓSITO

Desprender los antes inservibles
–apéndices inútiles–,
abrir espacios de existencia
a nuevas realidades, otras respiraciones.
(Simple el planteo de intención magnífica.)
Pero cuesta encerrar la niebla del ayer en un cuarto olvidado,
dar dos vueltas con la llave del hoy, decir: ahora.



JORNADA

Apago la lámpara
cuando el trinar del alba enciende el nuevo día.

Una íntima música fue la compañía necesaria.
El silencio arropa a mi hijo
que descansa su alegría.

Trabajé duro esta madrugada
levantando ladrillo a ladrillo la casa de la vida.



RENACER

Garúa en las calles con un saldo de lluvia sobrante de anoche;
un indeciso Sol espía con poquitas ganas.
Mientras camino hacia la vida,
percibo cómo el hoy reduce a cenizas
los viejos huesos flacos del ayer que aún quedaban.



FRAGMENTO DE LUZ

No buscar lo que ya se posee
ni comparar lo obtenido con lo que se tuvo;
no apoyar el hoy
sobre el apolillado esqueleto del ayer.

Gastar la vida desde el ahora
con lo casi nada que se tiene.

Cuando la muerte se nos meta en los ojos,
veremos chisporrotear las ilusiones
entre vestigios de algún fuego que perdura,
débil señal de la felicidad de un momento,
los pasos más firmes que dimos
en esta marcha incierta.



FUTURO IMPERFECTO

Todo se rompe aunque no se gaste,
otras –las menos– se gastan sin romperse,
a la mayoría las rompemos gastándolas.

Rompe el juguete el niño y se queda sin juego.
Rompe la vida castillos ilusorios.
La realidad rompe los sueños,
y el hombre el amor sin haberlo entendido.

Sólo queda el recuerdo de lo que se tuvo,
que jamás corresponde a como en verdad fue.


MOMENTO Y FUGA

Fruto alegre y nutriente,
mi corazón abierto
para que te sirvieras.

Cuando ya no hubo más,
te fuiste de mi mesa
con hilos de jugo en los labios.
En tu huida en las sombras
no viste
todo lo que aún quedaba.

No morderá tu vida más frutos de mi árbol.
Tendrás que alimentarte con tu hambre.



AGUJERO NEGRO

Estar solo ha perdido el estado de gracia
de las arboledas que sacuden los vientos.

Todos los transeúntes que agitan la avenida
pisan sobre mi vientre y caen al vacío;
contemplo los objetos de misterio electrónico
con un desinterés de estirpe cavernaria;
rebotan las bocinas con mortecinos ecos
contra mi cuerpo huérfano ausente de tu aire;
tengo la sensación de ser un astronauta
confinado al olvido en el fondo del mar.

El Sol me entristeció con su alegría
y la mesa de un bar fue santuario y refugio
para invocarte en versos que sólo a mí interesan.

Lo vivido hasta aquí se ha vuelto de neblina;
hasta la eternidad me parece migaja.
Las cosas más queridas comienzan a aburrirme;
dejo para después hasta la sed y el hambre.

Contradicción perpetua la del amor constante:
aun sabiendo que el tuyo es mi mayor certeza,
su momentánea ausencia me desplaza del alma.

Así es como el poema se niega a las palabras:
apenas si consigo garabatear un signo.

Pero nada de esto es la realidad última,
además no es verdad, apenas si el instante
cuando te quiero cerca sabiendo que estás lejos.
Extrañar, que le dicen...




ALLEGRETTO

El misterio del silencio es cómplice
en la madrugada que se prenuncia gris,
con pájaros mojados y gatos en receso.

Con el alma atontada por nuevas emociones
y un estreno de alegría en la casa del corazón,
creceré en la mañana con voz nueva.
Anoche maté los últimos antes
con el puñal caliente de la felicidad.



OQUEDADES

Los amigos mueren ignorando que dejan
espacios descubiertos –baldíos del alma–
donde amontonamos recuerdos –escombros del pasado–
con cuyos fragmentos reconstruimos opacamente
momentos fraternales del luz
en los que nos movíamos libres,
despreocupados de la muerte,
cuando con una mano creíamos tocar la eternidad
y con la otra darle de comer –ilusos– migajas de nosotros.


JUEGO PELIGROSO

Uno viene con la enquistada costumbre
de los dobles mensajes, la leve promesa,
irreductible a dejarse llevar por frases huecas.

Si alguien nos dice amor, casi no creemos
y sonreímos, como única respuesta.

Rumiamos el encuentro; sin creer en lo escuchado
optamos por más sed a la sed, más agua al naufragio,
elegimos cuidar las viejas cicatrices
antes que arrojarnos sobre un nuevo puñal
que acaso esta vez nos hiera de vida, no de muerte,
al abrirnos un tajo profundo de luz
que ese heridor, vital, desconocido,
quiere llenar hasta el desborde con cachitos de Sol,
grandes pedazos de alegría,
alguna que otra locura a más no poder, cosas nuevas.

Pero nos replegamos hacia la soledad,
conocida e inútil como nuestra sombra,
que nos escamotea la realidad con espejismos.



CON OTRA PIEL

Dejé en un bar mi última tristeza
añorando el pasado con las penas;
también quedaron imposibles sueños,
frágiles cáscaras de otras fantasías:
los te espero hacedores de abandono
cuyo luto de alcohol vistió al olvido.
Agua pobre y escaso pan del alma
para mal nutrimiento del poema.

Ahora en la calle hasta me sobran ganas,
tengo sitio de más en la ternura
y el lugar del amor desocupado.
No hace falta buscar, vendrá a mi vida.

Otra vez Buenos Aires me parece
el único lugar de la alegría.



PACTO

Se pacta con la poesía de por vida: hasta la oscuridad.
No hay quien quiebre este pacto.

No testimoniar cada vez que la emoción nos toca
no implica silenciarla:
a veces escribe en nosotros con latidos de sangre
como en un cuaderno palpitante. Y es todo.

No siempre vibra impresa
con ondulado ritmo en líneas desiguales
sus pálidos fragmentos de un momento fugaz.

Se vive la poesía intentando asir su desnudez,
verdad última que el tiempo desbarata;
lo más intenso no se expresará nunca.

El ciclo se repite,
cuando obstinadamente volvemos al poema.



ÚLTIMO TREN

Pasan los días como postes desde un expreso;
hay vagones de desesperanza, inmóviles junto a una vía muerta;
otros, descarrilados por los años, mohosos de angustia,
corroídos por la desazón y el desamparo.

Los que aguardan en las estaciones nos ignoran mientras
viajamos raudos.

Todas las barreras están bajas.
Desde el furgón de cola
vemos cómo el pasado pierde contorno envuelto por la bruma.

Al entrar en el túnel ha caído la noche.
Llegamos solos y nadie nos espera.
El último silbato no es audible.
______________